Psicología del niño en edad escolar

Abarca Mora, Sonia

Psicología del niño en edad escolar /Sonia Abarca Mora. - Vigésimo novena reimpresión. - Costa Rica: EUNED, 2014. - 172 p. 27 x 21 cm.

1. Crecimiento y desarrollo del niño de 7 a 12 años.
2. Teorías del desarrollo del niño.
3. Diferencias individuales.
4. Vinculación familia-institución educativa-comunidad y el desarrollo integral del niño.

En este tema se enfatiza la necesidad de entender el desarrollo humano como un proceso, que ocurre en un marco físico y social, dominado por cambios de naturaleza biológica y psicológica. Se dice que tiene sus particularidades en cada individuo, ya que cada uno vive su proceso en razón de su sexo, estructura biológica, grupo social al que se pertenece, experiencias cotidianas.

El estudio científico del niño se inició desde 1890 con el trabajo de Stanley Hall sobre desarrollo intelectual, seguido por el aporte de Alfred Binet (1904) en Francia, quien creó el primer test de inteligencia.

En los Estados Unidos es de importancia lo que realizó Arnold Gesell en relación al desarrollo motor, ya que por medio de instrumentos de observación pudo determinar las conductas y características de cada edad. Así, Gesell llega a la conclusión de que el desarrollo es el desenvolvimiento natural de ciertas habilidades heredadas que se dan en todos los niños y que dependen mayormente de la maduración.

Al ser la maduración un elemento importante de tomar en cuenta y que determina conductas como el caminar o el hablar, es necesario que se le defina. Por maduración entendemos el desenvolvimiento de rasgos o sistemas constitucionales que ocurren espontáneamente sin que medie ejercicio ni experiencia en su determinación.

La maduración, unida al aprendizaje, que implica cambios que se suscitan en las conductas, actitudes, valores, ideas, emociones y formas de relacionarnos, constituyen pilares del desarrollo humano.

Por supuesto, tampoco se puede ignorar que en el desarrollo del niño se da un crecimiento, entendiéndose este como cambios de carácter cuantitativo (tamaño y peso, por ejemplo). Estos cambios pueden ser afectados por factores nutricionales o descuido físico, y están influenciados por elementos hereditarios. Es importante señalar que este proceso sigue ciertas direcciones que se explican en esta introducción.

Junto con el interés por aspectos maduracionales, de crecimiento del niño y del desarrollo motor, se dio la preocupación por el aprendizaje. Cabe destacar el trabajo de John Watson, conocido como el padre del conductismo, quien alrededor de 1918 desarrolló la teoría de que la mayoría de nuestras conductas son aprendidas, incluyendo las emocionales. Para él, se debe cuidar la calidad y tipo de experiencias que se le presenten al niño, pues de ellas depende en que este sea una persona de bien o alguien con problemas. Las investigaciones de Watson suscitaron gran polémica, pero jugaron un papel importante en las teorías de desarrollo y dieron origen a muchos estudios y a más teorías sobre el aprendizaje.

No se puede ignorar el impacto de los estudios de Sigmund Freud y Jean Piaget, así como el trabajo de Erick Erickson. Freud enfatizó la sexualidad infantil y Piaget lo relacionado con el desarrollo intelectual. En el trabajo de Erickson se destaca lo relativo a las crisis de desarrollo, aspecto que será estudiado en otros temas.

El estudio del desarrollo del niño en edad escolar sería incompleto sin hacer una mención de lo que se entiende por proceso de socialización, que tiene que ver con el tipo de relaciones que establecemos desde que nacemos con diferentes instituciones como la familia, la iglesia, la escuela, etc. Interesa conocer la influencia que ejercen estas instituciones, cómo operan en el desarrollo de la personalidad y en qué sentido condicionan lo que se denomina yo social y yo personal. El yo social es aquello compartido de cada uno de nosotros con los otros. Se puede compartir la religión, el lugar de procedencia, la raza, el grupo social, la pertenencia a un partido político. Estas experiencias comunes nos permiten comunicarnos y nos identifican.

Con respecto al yo personal se puede decir que es lo único, lo particular; aquel sello que nos distingue de los demás. Tanto el yo social como el yo personal es lo que Martín-Baró denomina la doble faceta de la personalidad. Por lo tanto, lo único y lo compartido se da por medio de los procesos de socialización, que acaban solo con la muerte. Estos se consideran de socialización primaria, permite el logro de la identidad personal (es la conciencia de que yo defino y puedo tomar decisiones). En cuanto a la socialización secundaria, se puede decir que consiste en la adquisición de roles específicos, debido a que cada persona es miembro de diferentes submundos (por ejemplo, el rol de estudiante, de profesor, de mamá, de peón, de enfermera, etc.).

Los procesos de socialización permiten la conformación de una estructura de personalidad que, aunque es estable, también sufre cambios. La personalidad tiene que ver con atributos motivacionales, con aspectos referidos a las actitudes, a ideales, a funciones cognitivas, etc., que determinan las conductas y las características particulares de cada sujeto. No nacemos con personalidad, sino que todos poseemos una estructura única que surge del intercambio de cada individuo con su mundo físico y social y con las influencias que recibe por medio de la experiencia.

Los temas posteriores tratarán más detalladamente algunas de las teorías señaladas en esta introducción; su comprensión requiere tener muy claros algunos de los conceptos estudiados como: crecimiento, maduración, aprendizaje, desarrollo, socialización y personalidad.

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